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AVISO LEGAL

Los archivos de texto electrónico y en formato audiovisual expuestos en esta página tienen por único objeto promover y difundir valores culturales, asi como también el apoyo escolar. Bajo ningún concepto persiguen fines lucrativos, prohibiéndose expresamente su copiado para uso comercial. Solo se reproduce material al que es posible acceder de manera libre, pública y gratuita en distintos sitios de Internet. Si algún autor o compositor, representante legal o sus derechohabientes considera que la exposición de algún material en particular afecta sus derechos de autor, rogamos comunicárnoslo a fin de proceder a su retiro. Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ Charlotte Novus Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
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INSOMNIO

 

Cada noche
Al bajar el telón de mis ojos
Se adueñan tus recuerdos de Mí:
Como un grosero visitante
A quien no se le da el permiso de entrar
Llegas hasta el fondo
Y tu espada silente
Abre los surcos adormecidos por instantes,
Camuflados por la risa
(Que no se siente)
Encerrados como fieras
Lacerando
Inclemente
Me hundo entre las manos
Huyendo de la luna
Porque a ella le comenté de tus besos,
De tus manos
De tu abrigo…
Y el cielo comprensivo y paciente
Se abre y llora conmigo.
Al llegar la alborada
Sigues intacto en la mente
Y en contra de mi voluntad
Entre lágrimas ahogadas
Haciendo a un lado la dignidad…
Vuelvo a quererte.

by Ross Fermín

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El sociólogo Ulrich Beck examina en un conciso trabajo el predominio de Alemania en Europa y las causas de la extraordinaria relevancia de Angela Merkel

“Todo el mundo lo sabe, pero declararlo equivale a romper un tabú: Europa se ha hecho alemana”, se atreve a decir el sociólogo Ulrich Beck, profesor de la London School of Economics y uno de los intelectuales alemanes más influyentes del momento. Su descripción es simple y rotunda: “No ha sido intención de nadie, pero ante la posible quiebra del euro, Alemania, como potencia económica ha ‘ido a parar’ a la posición de potencia política que toma las decisiones”.

En Una Europa alemana, enviado a la imprenta en agosto pasado, Beck reflexiona en caliente sobre el estado de la Unión Europea, jaqueada por la crisis financiera iniciada en 2008. Europeísta confeso, cree que la única salida es una mayor integración. En su análisis, tres divisiones amenazan al viejo continente. La primera separa a los países de la zona euro de aquellos que conservan su propia moneda. Contrariando la vulgata económica que sostiene que los segundos están en mejores condiciones para enfrentar la crisis, ya que la moneda común representa un fuerte condicionante, Beck sostiene que el poder está con los primeros. Su ejemplo es Gran Bretaña, excluida de las decisiones económicas, aunque su suerte está atada a la de sus socios, dado que el 55 por ciento de las exportaciones británicas va a países de la Unión Europea.

La segunda brecha se instala entre los países que enfrentan crisis de deuda -Grecia, Irlanda, España, Italia, Portugal- y los que no. Beck habla de una nueva “clase baja” dentro de la UE, en la medida en que esas naciones deben aceptar “recortes en su soberanía y vulneraciones de su dignidad”.

Como resultado de estas fracturas, surge una tercera, que establece una “vanguardia” de países europeos, una “locomotora de la integración política”, como sostenía en 2000 Joschka Fischer, por entonces ministro de Relaciones Exteriores de Alemania. Beck señala que la economía ha impuesto ese modelo a la fuerza: “En nuestros días, la Europa de dos velocidades se ha convertido en una realidad, saltándose a la torera todas las instancias de legitimación democrática”. Las tres divisiones han favorecido a Alemania y transformaron a Merkel en una suerte de “reina de Europa a la que nadie ha coronado”. Beck hace un crudo examen de su modo de hacer política. Estableciendo paralelos con El príncipe de Maquiavelo, postula un “modelo Merkiavelo”, que permite a la canciller concentrar el poder sin tomar partido ni por europeístas ni por euroescépticos. La astucia de Merkel se basa en la duda, en “titubear como práctica de adiestramiento”, y en el doble discurso: un “neoliberalismo brutal” de puertas afuera, mientras en casa defiende un “consenso con tintes socialdemócratas”.

Del lado de las esperanzas, para Beck, están los nuevos arquitectos de Europa: el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso; el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy; el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quienes proponen responder a las fuerzas centrífugas de las finanzas globales con medidas que profundicen la integración. Beck también confía en los movimientos sociales, que en las últimas décadas han logrado colocar en la agenda política las cuestiones ambientales y de género, entre otras reivindicaciones. Instando a una articulación entre los movimientos de indignados de distintos países, destaca la importancia del “imperativo cosmopolita” que debe guiarlos: “coopera o fracasa”.

A contraluz de su indagación, se recorta la silueta de un personaje clave: una nueva generación de ciudadanos que se reconocen como europeos sin dejar de sentirse españoles, alemanes o franceses. La existencia de ese colectivo más amplio lo lleva a soñar con una acción combinada de abajo y arriba: “Una coalición entre los movimientos de protesta y la vanguardia de los arquitectos de Europa, con cuya fuerza dar el salto cuántico político que desemboque en la capacidad de actuar internacionalmente”.

El optimismo de Beck, sin embargo, alcanza un límite en las preguntas que no se hace. ¿Qué factores convirtieron a Alemania en una potencia económica? ¿Su actual prosperidad se debe sólo a sus recursos internos, o es que ha sabido aprovechar mejor que otros -o a costa de otros- las ventajas de la unión, o del capitalismo global? Si éste fuera el caso, ¿cómo corregir esos desequilibrios estructurales? El rompecabezas tiene muchas piezas, y todavía no están todas en la mesa.

Por Ana María Vara | Para LA NACION

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Presencias

Esta noche ha sido tan rara que mi pelo
pareció erizarse en la cabeza.
Desde la puesta del sol soñé
con mujeres que reían, tímidas o salvajes,
en frufrú de encajes o de sedas,
mientras subían mi crujiente escalera. Habían leído
mis rimas sobre esa cosa monstruosa
del amor recíproco aunque no correspondido.
Se detuvieron en la puerta  y quedaron entre
mi gran atril de madera y el fuego
hasta que oí latir sus corazones:
una es una ramera, otra una niña
que jamás miró a un hombre con deseo,
y la última, pudiera ser, una reina.

 

Yeats: Dublín, 1885 – Roquebrune-Cap-Martin, 1939
Poeta, dramaturgo, ensayista, William Butler Yeats fue una de las figuras más relevantes de la literatura irlandesa de fines del siglo XIX y principios del XX. Al margen del victorianismo, combinó en su poesía simbolismo y mitología celta. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1923..

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Con su nueva novela, Una vacante imprevista, que la semana próxima llega al país, la creadora de Harry Potter incursiona en la literatura para adultos. Reflexiones sobre el arte, la escritura y los sorprendentes vuelcos de la vida Por Erica Wagner | Para LA NACION

Conocí a J. K. Rowling en… Bueno, en realidad no puedo contarles dónde la conocí. La dirección de su estudio es un verdadero secreto de Estado. En realidad, hasta podría resultar simpático o gracioso, salvo que una decida enojarse por el incordio. ¿Pero para qué enojarse, si yo me moría por conocerla? Así que llegué y ahí estaba ella, rubia y menuda, tendiéndome la mano con una mezcla de reserva y calidez. Esta dama tan atenta a su glamour personal me recibió vestida con elegante informalidad: jeans, zapatillas Converse y una campera azul sobre los hombros. Su maquillaje era sutil, pero preciso, y sus uñas delataban los cuidados de una manicura. Parece alguien que ya se ha acostumbrado a ser quien ahora es.

Esta esforzada madre soltera -que escribió su primera novela en una máquina de escribir, sentada en bares, mientras sobrevivía con la ayuda del Estado e intentaba salir de la depresión- tiene ahora 47 años, ha ganado 560 millones de libras (casi 900 millones de dólares) con sus libros, y ha aprendido a lidiar con todo aquello que su inédito y pasmoso éxito trajo consigo. Riqueza y fama, por supuesto, pero también una enorme exposición que explica su cautela a la hora de contestar preguntas. Rowling protege muy especialmente la privacidad de su familia: en 2001 se casó con el médico Neil Murray, con quien ha tenido un hijo y una hija, que vinieron a sumarse a una hija adolescente de su primer matrimonio.

Publicada cinco años después del canto del cisne de Harry Potter, su primera novela para adultos, Una vacante imprevista, es la historia de un conflicto de clases actual y del gobierno de una localidad del oeste de Inglaterra. Rowling también es buena conversadora: saber escribir bien -como lo hace ella- sobre los personajes y sus relaciones viene de saber escuchar lo que la gente dice, y las respuestas de la autora son serias y meditadas, con una pizca de picardía. Me cayó bien. Hablamos hasta que se nos acabó el tiempo y las puertas de su paradero secreto volvieron a cerrarse.

-Una vacante imprevista es claramente un libro comprometido. ¿Qué tipo de función social cree usted que puede cumplir todavía la ficción?

-Creo que la ficción tiene un rol social. Pienso que a lo sumo se puede aspirar a que la gente reflexione un poco más, y eso a veces alcanza para producir algunos cambios reales. Pero más allá de eso, no escribí Una vacante imprevista para dejar sentada una postura. El libro no plantea una polémica, no es de política partidaria. No creo que ninguna buena novela que se haya escrito pueda ser tomada como un manifiesto. Pienso que una novela debe ser ante todo una historia, y Una vacante imprevista es una historia. Tal vez su mayor valor sea mostrar cuáles son los grandes temas de nuestros días, y no necesariamente plantear qué es lo que uno debería pensar acerca de esos temas. ¡Lo importante es que la gente los discuta! Este es un libro sobre gente que discute, y me imagino que será un libro sobre el que la gente discutirá. Y eso es bueno. Más allá de eso, si consigo que la gente sea un poco más sensible y compasiva, ya sería bastante más que lo que logran los políticos, ¿o no? Así que tampoco hay que menospreciar sus efectos.

-¿Tuvo que investigar para escribir esta novela?

-Muy poco. Casi todo lo extraje de mi propia experiencia de vida. He tenido una vida muy peculiar en muchos aspectos. He pasado por situaciones económicas muy diversas, y por lo tanto podría decirse que también mi estatus social ha cambiado muchas veces. A lo largo de mi vida, mi situación financiera ha sufrido fluctuaciones alocadas. En mi peor momento económico, estuve en contacto con gente que vivía, por ejemplo, como vive la familia Weedon en mi novela, que pertenecen a la clase trabajadora, y con gente que fue a la escuela pública y que se educó en la escuela pública, y me crucé con adolecentes que son como los personajes del libro. También tuve tratos con gente típica de clase media, como la familia Mollinson, y conocí sus puntos de vista. Yo crecí en una ciudad inglesa de clase media, y muchas de las actitudes que manifiestan los personajes de clase media de mi libro son increíblemente semejantes a las que observé durante mi infancia.

Al que sí investigué en profundidad es al pueblo sikh. Quería que en esa ciudad que inventé hubiese una familia de color. Quería que fuese una familia con complejidades. En la novela, la familia Jawanda es en muchos sentidos la encarnación del sueño de la clase media: son los nuevos representantes de los escalones superiores de la sociedad. Padres sumamente exitosos, tres hermosos hijos, las cosas andan mal en esa familia. Pero una de las razones es que tienen muchas presiones de todas partes, y la más presionada es la madre. Una de las presiones que sufre esta mujer es una forma corrosiva de racismo. Un racismo no reconocido, y que por eso es tan corrosivo, porque igual está ahí, y creo que el libro logra mostrarlo. Para mí tenían que ser sikhs, porque cuando era veinteañera y vivía en Londres me hice amiga de una chica que venía de una familia sikh. Una vez estábamos hablando de la igualdad de géneros y me contó que en los templos sikh, llamados gurdwara, las mujeres pueden realizar todos los rituales religiosos, y que eso está consignado explícitamente en su libro sagrado, donde las mujeres están puestas en pie de igualdad con los hombres. Me resultó fascinante. Nunca había oído de una religión en la que eso fuese así. A mí me criaron en la tradición cristiana. El fundador de la religión sikh, Guru Nanak, es el gurú que se hundió en el río, desapareció durante tres días y reemergió diciendo: “No hay hindúes, no hay musulmanes, somos todos iguales”. Y eso está lleno de poesía, porque todo el libro es acerca de., bueno, de cómo la luz de Dios se irradia desde cada alma. Así que tenía que incluir una familia sikh. Así que sé mucho más sobre los sikh que lo que parece en el libro, como suele ocurrir. Me acuerdo de cuando investigaba algunas cosas para Harry Potter que al final me servían para una frase o dos. Pero así yo tenía la certeza de que funcionaba, y funcionaba por razones que incluso escapaban al lector.

-A diferencia de la serie de Harry Potter, esta novela no tiene un personaje central. ¿Qué consecuencias tuvo eso en su escritura? ¿Fue más fácil, más difícil o simplemente muy distinto que escribir los libros de Harry Potter?

-En la serie, el punto de vista es el de Harry Potter, y para que eso funcionara a veces tenía que hacer trampa. En esta nueva novela, una de las ideas cruciales del libro era que el lector compartiría la vida interior de varios personajes, para que cuando al final del libro se llega al punto en el que tres personas deciden ignorar cierta situación, el lector ya ha entendido exactamente por qué cada una de esas tres personas es capaz de ignorar algo que está sucediendo frente a sus propios ojos. A decir verdad, me entusiasmaba enormemente el desafío. y esa libertad.

-¿Con qué autor, muerto o vivo, le gustaría encontrarse a cenar?

-¡Lo pensé tantas veces! Se me pasaron por la cabeza muchos escritores, mis favoritos, y además tengo que pensar en el tema de la cena. Pensé en P. G. Wodehouse, pero cuando uno lee su correspondencia, se da cuenta de que lo único que le importaba a Wodehouse era escribir y los perros pequineses. Y yo pequinesa no soy, así que intuyo que nos habría costado hilar una conversación liviana, desde la entrada hasta el postre. Entonces descarté a P. G., con pesar. Ah, y también descarté a Jane Austen, que hay días que me parece mi favorita entre todos, pero me parece que me daría miedo encontrarme con ella. ¿No fue Emily Brontë la que dijo que la mente de Austen era como una pequeña tijera? Así que el concurso quedó reducido a dos contendientes: Colette y Dickens. Colette es aterradora. Pero si estuviese en un buen día y dispuesta a contarme la verdad de su vida, sería la velada más fascinante de la historia de la humanidad. Pero Dickens también tuvo una vida maravillosa, y en este momento siento que lo pasaría bomba con Charles Dickens. Además era muy histriónico, ¿o no? Dickens sería un comensal extraordinario. Así que por una cabeza, supongo que me quedo con Charles Dickens, por la posibilidad de hacer preguntas y de conocer a la persona real. Con Colette podría pasar que después de haber comido la entrada uno se dé cuenta de que es todo un desastre y empiece a preguntarse por qué no eligió a Dickens.

-¿Con qué personaje literario se siente más identificada?

-Tengo que ser sincera: con Jo March. Leí Mujercitas a los ocho años, y no sabía que podía existir alguien así en alguna parte. Alguien con un deseo tan ferviente de escribir, como yo, que también quería escribir, ¡y que además se llamaba como yo! Y tenía mal carácter, como a mí, que en seguida se me saltan los fusibles. Y era directa, en una familia de mujercitas, y yo era directa. Así que elijo a Jo March.

-¿Libro electrónico o libro impreso? ¿Qué nos depara el futuro?

-Yo creo que los dos. Es un momento muy, pero muy interesante para el mundo editorial. No creo que el resultado se defina hasta dentro de unos años, porque ahora estamos en un momento de verdadera revolución. Como escritora, valoro el trabajo de las editoriales tradicionales. Yo podría haber elegido el camino de publicarme a mí misma, como lo hacen algunos escritores de carrera. Pero cuando salí a buscar editorial para La vacante casual quería conseguir el editor justo para ese libro. Quería contar con su apoyo y con su mirada crítica. Yo no veo a los editores como malvados cancerberos, porque el arte es subjetivo. Sería muy poco razonable que dijera: “¡Ay, esa gente mala que rechazó Harry Potter! ¿No se dan cuenta de que son unos tontos?” Nadie está obligado a que le guste lo que uno escribe, ¿sabían? Su trabajo es ese. No quedé resentida por eso, ¡de qué podría estar resentida yo!

-¿Qué piensa de que los niños vean las películas de Harry Potter antes de leer sus libros?

-No me gusta. Me imagino que a ningún autor le gustaría. Y con mis propios hijos, soy muy estricta: pueden mirar la película cuando hayan leído el libro, cuando mamá ya te lo haya leído. Y no sólo con mis libros. En eso soy draconiana. Fue muy deprimente cuando me encontré con alguien muy famoso -no voy a decir quién- que me dijo: “Amo profundamente su trabajo”. Y yo le dije: “Qué amable de su parte, muchas gracias”. Y después de varios minutos de elogios hacia “mi obra”, resultó que había visto todas las películas y nunca había leído los libros. Se me fue el alma al piso. ¡Las películas no son obra mía! Es el trabajo de otra gente, gente a la que adoro. Y me encantan las películas y me encantan los actores de las películas, pero no son obra mía.

-Si pudiera darle un consejo a la persona que usted era antes de que la publicaran, ¿qué le diría?

-Qué difícil. Hubiese sido imposible prepararme para lo que se venía. Imposible realmente. En ese momento, no tenía las herramientas necesarias para sacar provecho de cualquier consejo que pudiese darme a mí misma. Algo que me habría dicho sería: “Confía en tus instintos respecto de las personas. No te equivocarás nunca.” Y eso me habría dado la confianza suficiente como para surfear la ola con un poco más de gracia.

-A veces los autores vuelven a sus personajes de maneras inesperadas. ¿Cómo sería el mago Harry Potter a los 40 años?

-Creo que Harry, como personaje, ya pasó. Estoy tan segura como puedo estarlo. Salvo que se me ocurra algo inesperado, salvo que en diez años piense que hay algo que Harry debería hacer, no creo que vuelva. Que siga con su vida. Tuvo una juventud bastante alocada. Me gusta pensar que ahora vive en paz. Cerré la puerta a una posible continuación cuando escribí el epílogo a Las reliquias de la muerte, y creo que por eso a muchos fans no les gustó el epílogo, porque cerraba esa puerta. No estoy descartando absolutamente la posibilidad de que haga algo relacionado con ese mundo. Aunque no tengo planes de hacerlo, podría ocurrir. Pude crear un gran mundo en el que me encanta jugar, pero creo que como personaje, Harry ya fue.

-¿Qué está leyendo ahora?

-Acabo de terminar The Song of Achilles, de Madeline Miller. Vi una entrevista que le hicieron, y tuve una especie de enamoramiento infantil, así que quise leer lo que escribía, y me gustó mucho.

-Y por supuesto, ¿qué opina de Cincuenta sombras de Grey?

-No la leí. Tengo amigas que la leyeron. Muchas amigas. Es como un efecto dominó. Me gustaría encontrar a algún hombre que la haya leído, y averiguar qué aprendieron de la sexualidad femenina. ¿Ven? Ese es un artículo que me gustaría leer.

-¿Qué libro cambió su vida?

-Muchos. Pero lo raro es que de inmediato el primer libro que me vino en mente fue Manon Lescaut, del abate Prévost. ¡Y hace 27 años que no leo ese libro! Pero mi respuesta es esa, porque creo que mi inconsciente no me traiciona. Lo tuve que estudiar en la universidad, así que tendría 19 o 20 años, y se me pegó para siempre. Se trata fundamentalmente de la historia de un amor obsesivo. Lo que aprendí de ese libro es que gran parte del amor es una ilusión. Y desde entonces pude comprobarlo en mi propia vida. Cuando veo que eso pasa, siempre vuelvo mentalmente a ese libro. Un gran libro hace precisamente eso: se convierte en parte del mobiliario de nuestra mente. The Times y LA NACION

Una vacante imprevista

J. K. Rowling
Salamandra
La vacante a la que se refiere el título es la que se produce por la muerte imprevista de un funcionario municipal en un imaginario pueblito inglés. Pasada la conmoción, se despierta la codicia por el nuevo espacio de poder. En ese clima, Rowling despliega una trama de intrigas, pasiones y traiciones. En 2014, la BBC filmará una miniserie basada en la novela.

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En Culpa, Ferdinand von Schirach se sirve de su oficio de abogado para mostrar desde adentro, y no sin compasión, la naturaleza del crimen. Por José María Brindisi | Para LA NACION

El primer libro del alemán Ferdinand von Schirach convirtió a su autor, tal vez inesperadamente, en un instantáneo fenómeno de ventas. Abogado de profesión, Von Schirach había decidido transformar en literatura parte del vastísimo catálogo de experiencias que su oficio le había regalado. El libro, que mucho antes de serlo fue apenas un antídoto contra el insomnio, llevó como título el muy austero -o muy directo- Crímenes , cuya suerte de continuación acaba de traducirse al castellano con un título todavía más sobrio: Culpa . Con todo, y aunque ya hayan transcurrido casi setenta años desde el fin de la Segunda Guerra, no deja de ser significativo que en Alemania se publique un volumen de relatos con ese nombre. Y es justamente allí donde radica parte de su fuerza: sin duda mucho más confiado en sus armas como escritor, Von Schirach elige esta vez no recostarse tanto en el poder efectivo y con frecuencia efectista de las acciones, aunque resulte imprescindible referirse a ellas, sino en las motivaciones de los personajes, eso que muchas veces ni siquiera son capaces de traducir en imágenes concretas y que no obstante los arrastra fatalmente al crimen o a la locura. Se trata de un título-guía: un eje invisible que le permite a su autor rehuir el centro de las historias, evitar la tentación de revelarlas o reducirlas a una lectura unívoca. El procedimiento es ejemplar, sobre todo si se tiene en cuenta hasta qué punto contar este tipo de historias era jugar con fuego. Más que como trama, las anécdotas se desarrollan aquí como una suerte de apunte, de crónica maquillada. La historia de la banda de música que, en una fiesta popular, viola a una camarera y a continuación sigue haciendo lo suyo; la de la pareja de jóvenes bohemios que mata a un viejo, y algunas semanas después se suicida; la de los chicos que someten a un ritual iniciático a otro y provocan, por accidente, la muerte de una maestra; la del hombre que lleva un maletín con fotos de crímenes brutales y luego es asesinado por no entregarlo donde debía; la del hombre a quien una alumna celosa de su mujer le arruina la vida en un rapto de furia. Todas ellas se narran desde cierta distancia, pero no sin compasión. Más bien es la perspectiva del abogado, la doble vida de Von Schirach que le facilita el desprendimiento de toda fascinación. Quien cuenta, en cada uno de los relatos de Culpa , no es alguien hipnotizado por aquello que ha descubierto, por esa iluminación sombría que a veces despiertan la muerte y el horror. Su economía narrativa es una decisión formal, pero asimismo es el resultado del conocimiento, de la práctica. En el fondo, lo que Von Schirach busca en este libro es reflexionar en voz alta, sólo que lo hace a través de los hechos. En otros términos: como si intentara explicarlos, aunque intuya que esa justificación jamás llegará, o será insuficiente. A raíz de ello, la magnífica figura del narrador se comprende mejor a medida que los relatos se encadenan; ese abogado que casi siempre es apenas un hilo de voz, un acompañante silencioso. De algún modo, el que recoge los cadáveres. Pero este conjunto de relatos es también una confesión: la de una derrota o metamorfosis, que no es otra cosa que el fin de la esperanza. Menos ingenuo de lo que aparenta, el epígrafe de Aristóteles que antecede al libro (“Las cosas son como son”) pierde con el correr de las páginas toda ironía para dejarnos la intensidad de su sabor amargo. Aunque sobreviva la culpa.

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Laberinto, la vida, laberinto, la muerte

Laberinto sin fin, dice el Señor de Ho.

Todo hunde, nada libera.

El suicidado renace con un nuevo sufrimiento.

La prisión termina en una prisión,

El pasillo termina en otro pasillo:

Quien cree que desenrolla el rollo de su vida

No desenrolla nada en absoluto.

Nada desemboca en ninguna parte

Los siglos también viven bajo tierra, dice el señor de Ho.

 

By Henri Michaux

De Antología poética. 1927-1986

Namur, 1899 – París, 1984 La primera poesía del belga Henri Michaux estuvo inicialmente marcada por la experiencia del surrealismo, pero luego su interés por la percepción lo llevó por otros caminos, entre ellos la caligrafía y la pintura. Fue un viajero incansable. Borges tradujo Un bárbaro en Asia, uno de sus libros de prosa

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El #8N será un día histórico…el por qué? Todo es peculiar en este reclamo, pero no por la naturaleza del reclamo en sí, y que jamás hubiésemos imaginado tener que ver en pleno siglo XXI y a 29 años del regreso a la democracia, sino por el acontecer de los hechos que llevaron a esta convocatoria…

En principio el anonimato y libertad que brindan las redes sociales, donde la gente puede expresarse eligiendo si decir quien es o no hacerlo. No existen lideres políticos aquí o en todo caso lo que hay son personas que a través de sus twitteos o de sus páginas anti K logran adherentes y comparten sus pensamientos, estos twitteos y estas páginas son convocantes pero solo a efectos de organizar una marcha multitudinaria y brindar la contención que un gran porcentaje del pueblo necesita.

En las páginas anti K del Facebook y en el Twitter la gente encontró un medio donde expresarse, las personas se sinceran, comparten sus pesares, critican al gobierno y plantean un futuro mejor para el país, en defensa de la Constitución que se ve vulnerada. Es un punto de encuentro donde, entre lágrimas, enojos, risas y observaciones agudas se analiza el pasado, el presente y se vislumbra el futuro. Es el lugar donde también surgen las ideas para defender la república…

NO HAY UN EJEMPLO MEJOR DE DEMOCRACIA EN LA ACTUALIDAD, QUE LO OCURRIDO CON LAS REDES SOCIALES Y LOS CACEROLAZOS.

Tanto es asi, que después del cacerolazo del 13S y debido al ejemplo dado por el cacerolazo en USA cuando estuvo de visita la presidente, una de las páginas anti K (Somos el 46 %) organizó otra página referida a los argentinos en el exterior y centralizó una idea que ya había empezado a florecer en grupos de argentinos en USA y España. Surge asi la idea de manifestarse en cada Consulado o Embajada del lugar donde vivían. De a poco se fueron sumando países y ciudades, nacieron nuevos grupos de argentinos en el exterior, páginas y comenzó el armado de flyers. Mientras tanto todas las páginas anti K (son más de 40) continuaron con la difusión de la nueva fecha para la manifestación. Y todos contemplaron atónitos el resultado electoral en Venezuela, las relaciones entre la página Somos el 46 % y páginas anti-chávez se estrecha. Como en espejo surge la idea de un cacerolazo en Venezuela, toman los flyers de la convocatoria, los adaptan a su realidad y deciden marchar ese mismo día, a la misma hora, para expresar el mismo repudio que genera en el pueblo argentino y en ellos los hechos y las actitudes dictatoriales del gobierno. Y surge otra peculiaridad: venezolanos y argentinos que viven en Miami deciden compartir su marcha el 8N, unidos por las mismas desdichas, hermanados en un reclamo similar

Como en un abanico se despliegan ciudades y flyers convocando a un cacerolazo que, definitivamente escribirá un nuevo capítulo en la historia no solo de argentina sino en la historia mundial.

Primera vez que se realizará un Cacerolazo internacional. Primera vez que adhieren tantas personas. Primera vez que, mediante las redes sociales se logra una adherencia no solo nacional sino internacional. Primera vez que tanta gente dispar se une, se unirá y marchará en una manifestación pacífica, donde el reclamo es respeto, justicia y democracia. Se privilegian los valores republicanos y se pretende expresar la disconformidad ante el gobierno.

Cansados de la corrupción, cansados de ser maltratados, cansados de no ser escuchados, cansados de ser acusados de golpistas por reclamar o pensar diferente, cansados de la inseguridad, cansados de contemplar cómo se vulneran derechos adquiridos y futuros, con temor a lo que se está gestando, a la inoperancia de ciertos funcionarios, con temor a perder los principios republicanos, con temor a perder la libertad de expresión, con temor a ser robado o matado, con temor a lo que vendrá y con un espíritu que difícilmente se pueda doblegar y que sería importante que no fuera desoído por soberbios y tiranos.

Este pueblo no tiene fuerzas para renunciar a sus principios ni a un futuro por la paz y la democracia.

Mal que les pese…los caceroleros harán historia…

by Charlotte Novus

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En este ensayo breve, la escritora María Negroni explora la eterna fascinación que despierta el policial negro, y para ello se vale de Night and the City, el clásico dirigido por Jules Dassin, uno de los realizadores a los que persiguió el macartismo Por María Negroni | LA NACION

You’ve got it all, Harry Fabian,
But you are a dead man.

Jules Dassin filmó Night and the City ( Noche en la ciudad) en 1950. Pocas veces como en este film, cuyo solo título alcanza para soñar varias noches, la ciudad ha sido tanto un cuerpo, un personaje, un estado de ánimo, una textura para expresar algo temido y, a la vez, ansiado. Me refiero a esa ecuación de tiempo y espacio donde queda expuesta, entre codicias, falsas lealtades y persecuciones de todo tipo, la corrupción latente en el modelo aséptico del “sueño americano”.

Es esa puesta en abismo, que cancela de un golpe la triple coraza de eficiencia, control y felicidad puritana del modelo, la que otorga al film noir su capacidad de fascinar. Eso, y su arsenal fabuloso de imágenes que remedan los ritmos ladeados de una pesadilla o un deseo. No hace falta mucho más. En esa verdadera confabulación de sombras, expresionista y prohibida, todo se atrae y se rechaza, se imanta y se destruye como si fuera una partida de ajedrez fatal. A las violentas escaleras se superponen los letreros de neón, a los clubes saturados de humo y alcohol, las mujeres de pelo e ideas platinadas, a los sombreros de los ladronzuelos, los impecables impermeables de los detectives. El resultado es una cacería de lo indescifrable: tacos altos resonando sobre un asfalto mojado por la lluvia.

Dassin lo supo bien: de noche, lo que se percibe es escaso pero esa reticencia es sutil. Por eso, imaginó, para ese decorado, un héroe irreparable, alguien inmaduro -pero no maligno- que quiere, tan sólo, ser “alguien”, y por eso, construye una red de intrigas cada vez más complejas, y se pierde en ellas, descontento y confiado, terrible y maníaco, aferrado a la búsqueda inspirada de cosas que no existen: Harry Fabian, con su cara irresistible de asesino angelical y su inagotable fantasía delirante.

Nadie podría haber desempeñado el papel mejor que Richard Widmark. Su figura tensa, su mirada perdida, su risa procaz ante el tamaño de su infortunio nos recuerdan que ciertas travesuras son costosas, ciertas huídas cíclicas, ciertas peleas, imposibles de ganar.

Harry Fabian transita por la noche como si interpretara a un mago atrapado en sus propios trucos. Alguien dice de él: “Harry es un artista que no tiene un arte”. Quiere decir que Harry no es ingrato con su imaginación pero su imaginación sí lo es con él: por algún motivo Harry no puede, no sabe, o acaso no quiere, dominarla. Por eso, desde la primera escena del film, que circularmente coincide con la última, Harry es ya un hombre muerto, es decir, un creador fiel a su vacío, su universo interior, saturado de pulsiones veloces.

No sólo su chica -que encarna Gene Tierney- conoce su vulnerabilidad. También la conocen Phil Nosseros, el dueño del cabaret The Silver Fox -para quien Harry trabaja consiguiendo clientes- y Helen, su mujer, la madama que regentea a las muchachas. Y ambos ejercen ese conocimiento para usarlo, manipularlo, traicionarlo y eventualmente deshacerse de él como si fuera un desecho. (Habría que agregar aquí que también él, en su niñez violenta y afiebrada, ha sido rebelde y traidor.)

Se trata, claro está, del viejo triángulo primero, en el cual la figura poderosa del padre, admirada y repudiada a la vez (Phil lo llama ” dear boy “), no alcanza para distraer al hijo de la desventura y los desbordes de la madre, es decir, de su frialdad incurable. En esa geometría que sólo la noche, a veces, consigue disimular, Harry construye su sed con la paciencia de un loco; trabaja un abandono tan hueco que sus delirios de grandeza no alcanzan, salvo en contados momentos, a calmar.

The Silver Fox, quiero decir, no sólo es un antro de alcohol, negocios y mujeres turbias. Es también el motor emocional y la razón última del fracaso de Harry. Allí, en una serie de escenas que recuerdan los cuadros desolados de Edward Hopper, Phil Nosseros, acechante como león herido, trama una venganza a dos puntas: contra Helen, a quien ya no logra comprar con visones; y contra Harry, de quien sospecha que puede engañarlo con Helen. La doble venganza se revelará eficaz, llevándolo, incluso, al suicidio.

Helen, por su parte, es un prototipo extraño. Aunque está abierta a los favores sexuales, no es la típica femme fatale ni una de esas sirenas eróticas que, sin excepción en este tipo de films, inoculan desgracias al hombre que las frecuenta. Se limita, podría decirse, a hacer su propio juego -a conseguir su independencia de Phil, de Harry, de todo hombre- volviéndose, subrepticiamente, una recia versión femenina del gangster.

Por su parte, Harry cree tener en las manos el negocio del siglo. Ha conocido y se ha aliado con el Gran Gregorius, un viejo campeón de lucha libre cuyo hijo, Kristo, controla la mafia del box en Londres. Gregorius y su hijo están enfrentados. Harry tiene, por una vez, los flancos cubiertos, sólo necesita dinero para abrir su propio gimnasio. Helen y Phil lo financian, por separado, con fines que, por supuesto, nada tienen que ver con él. ¿Necesito decir que, entre Harry y sus planes, se interpondrán mil obstáculos, mil double-crossings (fabulosa expresión del inglés para decir traiciones), que terminará acorralado en un callejón sin salida?

Como todos los antihéroes del film noir , Harry Fabian es, a la vez, un ser solitario y un huérfano hambriento de aprobación. No debe extrañar que no tenga más familia que la urbe: esa serie de triángulos superpuestos, exacerbados, insólitos, que configuran la gran ciudad y hacen de ella un enorme cuerpo de macadam y asfalto, atravesado por puentes que sugieren (pero no prueban) la existencia de “otro” lado.

Curiosamente, esa misma ciudad se cerrará sobre él como una ostra cuando alguien dictamine el fin del sueño eterno y ponga a su cabeza un precio millonario que todos (o casi todos) codiciarán, incluso los amigos del hampa, los alcahuetes, los contrabandistas, los falsos tullidos que salen a pedir limosna, los desesperados como él. Menuda ironía, si se toma en cuenta que se trata de imponer la perdición de alguien ya perdido, y que esa persecución fatal concederá a Harry, paradójicamente, su deseo de ser, por una vez, The Most Wanted Man .

La misión que encara la cofradía de los marginados, sin embargo, no se tiñe de resonancias morales, como sucede en M (1933), el film de Fritz Lang con que tantos puntos en común tiene. Tampoco coinciden, a pesar de las escenas de huida y persecución en medio de ruinas y detritus urbanos, la ciudad de Harry Fabian con la de El tercer hombre (1949) de Carol Reed. Aquí, a diferencia de lo que ocurre en la Viena de posguerra, la ciudad se carga de una negatividad extrema, exhibiendo una herida existencial a secas, una jungla humana que ninguna música de cítara podría estilizar porque no se puede estilizar un calvario ni volver glamoroso un muestrario de lo sencillamente miserable.

“La noche es hoy, mañana”, dice, al comienzo, el film. “La ciudad es Londres.” Las presentaciones están hechas. Todo está listo para dar comienzo a lo extraordinario: la narración de algo imposible que acabará iluminando el coro de las bajezas humanas, el fulgor desahuciado de los ideales modernos. Hagan sus apuestas, caballeros. Lo que se juega es el destino. Con un poco de suerte, en alguna esquina del Soho, en algún rincón sombrío del Embankment, en medio de las callejuelas inmundas del East End, tendrán la impresión de estar perdidos en uno de los círculos del infierno dantesco.

Se recordará que Jules Dassin (1911-2008) filmó Night and the City cuando él mismo era, como Harry Fabian, a man on the run . Su afiliación al Partido Comunista (1937-1939) lo había llevado a engrosar, pese a su trayectoria -había filmado ya Brute Force ( Fuerza bruta , 1947) y The Naked City ( La ciudad desnuda , 1949)-, la lista negra de directores de Hollywood, y el Comité de Actividades Antiamericanas, tristemente creado por el senador McCarthy, lo buscaba por “terrorista”. Para hacer más penosa la situación: no faltaban las delaciones de colegas. (Los nombres de Elia Kazan o Edward Dmytryk cargarán para siempre con ese anatema.) Su exilio político duró más de catorce años, época en la que vivió sin papeles, lo cual no le impidió filmar en Europa algunos de sus films más célebres, entre ellos Rififí (1955).

No es raro, desde esta perspectiva, que su ciudad se asemeje a una trampa, es decir, a un laberinto calcinado por el crimen, donde todos traicionan y son traicionados, y las persecuciones y la intolerancia pueden transformarse, en cualquier momento, en caza de brujas. Su alegato, en este sentido, es sobre todo advertencia: allí donde rige la explotación y el dinero determina los modos de las relaciones humanas, la corrupción (ese veneno que se filtra, siempre, de arriba abajo, y que todo lo infecta) termina reinando. Si a esto se suman el vocabulario y la gramática visual de Dassin, con su preferencia por los ángulos torcidos, la velocidad de sus planos y contraplanos, y una composición capaz de exacerbar al máximo la erótica de perdición en que están sumidos los personajes, se entiende que este film sea considerado hoy un clásico ferviente.

Night and the City está libremente inspirada en la novela del escritor inglés Gerald Kersh (del mismo título, 1938), y finaliza con el cadáver de Harry Fabian flotando en el Támesis.

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Agradezco profundamente a mi amiga Grecia y a mi primo Cubasi que colaboraron para que esta página fuera posible. Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ Charlotte Novus Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

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